La Revolución de Mayo, óleo de Francisco Fortuny.

Es 25 de mayo. Amaneció nublado en Buenos Aires, esa localidad que en menos de tres generaciones pasó de ser una aldea olvidada en los dominios australes del Imperio español, a una ciudad cuya importancia hace que sea objeto de disputa entre las principales potencias del momento.

Cayeron algunas gotas, las nubes amenazan con descargar más efusivamente su lluvia. Frente a la plaza principal, dentro del cabildo, un grupo de vecinos se ha reunido para debatir su futuro. Sin saberlo, tal vez sospechándolo, bajo el refugio del techo, están a punto de desatar otra tormenta. Pero ésta, devastadora, será un diluvio en el que ese Imperio se ahogará.

Estos vecinos, y el resto de la población porteña que aguarda las resoluciones en la plaza, reclaman el autogobierno. Y ese hecho, que para algún distraído puede no significar gran cosa, significaba que estaban poniendo la primera piedra de este edificio que hoy conocemos como la Nación Argentina.

Y en ese mismo hecho, estaban dando el primer paso de un camino que, al término de una década, revirtió tres siglos de historia, y llamamos Revolución: La revolución de mayo.

En 1810 este grupo de criollos produjo una revolución... y estuvo determinado a sostenerla con una guerra implacable. Bajo el signo de la libertad y de la igualdad, esas personas no se limitaron a quedarse esperando la represalia española. En el Norte, Juan José Castelli combate en el Alto Perú, apoyando las fuerzas de Juana Azurduy de Padilla; Manuel Belgrano -pronto a crear nuestra bandera- comanda las tropas al Paraguay; en la Banda Oriental, José Artigas es una barrera impenetrable para los españoles; y en Salta, Martín Miguel de Güemes supone otro obstáculo al intento realista de recuperar el poder.

Esos criollos detuvieron los relojes, y los volvieron a cero. Marcaron la hora de la Argentina, y la presentaron al concierto de naciones ya existentes y de las que, emulando lo que sucedía en el Río de la Plata, replicaban su accionar a lo largo de Hispanoamérica.

Así, la revolución de mayo fue muerte y nacimiento. Fue la agonía del lazo colonial. Fue el sacrificio de esos héroes, y de la gente común, que anónima, no siempre figura en los relatos históricos. A todos ellos recordamos y homenajeamos hoy aquí, en Rosario y en 2020. Y agradecemos, por habernos hecho nacer. Y es nuestro deber, para nosotros y para con ellos, mantenernos con vida. Y con nuestra memoria, honrarlos, manteniéndolos vivos como parte de esta historia.


CENTRO
Nivel Inicial
Nivel Primario
Nivel Secundario

Un Colegio, dos Sedes, una misma Identidad


Ingresar

FISHERTON
Nivel Inicial
Nivel Primario
desde 2014 Nivel Secundario